miércoles, 26 de diciembre de 2007

Por fin en Babia

Es difícil entender que significa realmente estar en Babia hasta que no lo ves con tus propios ojos. Babia es mucho más que un lugar remoto en la provincia de León, es también la sensación de tranquilidad y despreocupación que te embarga cuando pasas algún tiempo allí. Los problemas parecen más lejanos y pequeños y el aire puro y las abruptas montañas enmoquetadas de verde lo rodean todo.

Babia se encuentra en plena Cordillera Cantábrica y se siente allí, más que en cualquier otra parte de estas montañas, una sensación de soledad y de absoluta libertad. Es una tierra salvaje que contrasta con el carácter amable y hospitalario de las gentes que la habitan. En Babia se pueden realizar todas las actividades de montaña imaginables ( senderismo, alpinismo, escalada en hielo, escalada deportiva, escalada clásica, esquí, raquetas, etc) y también de otros tipos ( piragüismo, paseos a caballo, pesca, etc).

Algunos de nosotros sentimos una especial devoción por este rincón de la montaña leonesa donde ya hemos realizado muchas actividades en el pasado ( Peña Ubiña, Cornón de Peñarubia, lagos de Saliencia, etc) y teníamos muchas ganas de compartirlo con todos aquellos que no lo conocían. Así, sin ningún plan predefinido, el sábado (16 de noviembre) salimos muy temprano de Azuqueca, solo teníamos una reserva para pasar la noche del sábado y muchas ganas de pasarlo bien.

Ese mismo sábado por la mañana visitamos el embalse de Barrios de Luna y el Puerto de Somiedo. Ya por la tarde dimos un paseo por el valle de La Cueta donde, pocos kilómetros más arriba, nace el río Sil. Al terminar el día contemplamos el macizo de Peña Ubiña desde Riolago.







El domingo no madrugamos mucho, hicimos visitas a algunos pueblos ( San Emiliano, Torrestio y Torrebarrio) y al Puerto de la Ventana. Después hicimos una ruta corta ( unas 4 horas) desde Torrebarrio al Ronzón ( el collado entre las peñas Ubiñas) y desde allí subimos a La Carba.





Cuando volvimos al coche estábamos ya un poco cansados, nos quedaban casi 4 horas de viaje, pero estábamos muy contentos de haber conocido Babia y de saber que nos quedaban todavía muchas cosas por hacer allí. Nos íbamos de Babia, pero todos sabíamos que volveríamos muy pronto.

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